miércoles, 9 de diciembre de 2009

El vale todo que se esconde en internet



Pensada como una herramienta participativa, la intervención del público en comentarios anónimos da pie a que se publiquen expresiones descalificadoras y ofensivas. En rigor, las polémicas incrementan el tráfico, algo que favorece la venta de publicidad.

Santiago Casanello y Tamara Smerling

“Aplaudo que urbanicen la Villa 31, pero eso sí: que abran las calles tirando bombas porque si no no tiene gracia”, pide un lector, en el comentario de una nota, en un diario nacional. Es un ejemplo nítido de tanto opinador que, desde el anonimato, satura de líneas inservibles, y en muchas ocasiones perversas, las páginas de internet en las que se permite la opinión de la gente. ¿Es la consecuencia inevitable de la libertad de expresión en la red o una suerte de ciberamarillismo mediático? ¿Aportan algo esas opiniones, en su mayoría sin fundamento, de miles que se amparan en el anonimato? ¿Las noticias con comentarios de los usuarios son la versión degenerada de las tradicionales cartas de lectores de los diarios?

La psicóloga Gloria Gitaroff dice que es innato al hombre el gusto por opinar de cualquier cosa: “El ser humano tiene esa necesidad, algunos opinan con el corazón, otros con la cabeza y algunos con los instintos menos recomendables. Una opinión con poca consideración por el otro denigra al lector. El que habla desde el anonimato tira la piedra y esconde la mano. En las personas que utilizan internet para agredir hay un deseo de lastimar que tiene que ver con la personalidad del que lo hace. También hay responsabilidad del que lee porque hay que leer con sentido crítico”. Algunos analistas sostienen que existe una “falsa democracia” en esto de dejar opinar y no oponer censura. Algunos sitios regulan esos foros de discusión con reglas más precisas, en gran parte para evitar a los trolls, como se conoce en la jerga a los opinadores que provocan de manera intencionada para crear falsas controversias.

El sitio de Lanacion.com tiene un sistema de control estricto. Hay un equipo de personas que trabaja para regular los contenidos y se lo toma muy en serio. Los mensajes que llegan pasan una gran cantidad de filtros antes de ser publicados: en primer lugar, hay que dejar consignado el DNI para poder escribir una opinión sobre los artículos. El coordinador de participación de Lanacion.com, Rodrigo Santos, explica: “Es un espacio que establece normas sobre la comunidad de lectores que quieren publicar sus comentarios. En algunas notas que hieren la sensibilidad del lector, por ejemplo, optamos por sumar una nueva cláusula que regule esos comentarios. Los mismos lectores pueden marcar cuando un mensaje contraviene el reglamento y avisarle al moderador que lo dé de baja. Se prohíben, además, los insultos, agravios, injurias, calumnias, hay un filtro de palabras indebidas (no se permite lenguaje obsceno e inadecuado) y si existe un mensaje discriminatorio o xenófobo se expulsa al usuario, que no puede volver a participar de las publicaciones”.

El clic de cada lector en una nota en internet también tiene una lógica económica. El coordinador del Proyecto de Educación y Nuevas Tecnologías de FLACSO, Fabio Tarasow, dice que “hay comentarios en donde se expresan opiniones que no se harían en la vía pública” y que “la gente no tiene desarrollada la conciencia cívica en el mundo cibernético y, en eso, hay que formar al ciudadano digital. Las opiniones en internet no tienen ningún valor estadístico: los que opinan son aquellos que tienen tiempo, que están en un escritorio con su computadora, no la cajera del Coto. Igual, claramente los comentarios virulentos o desubicados traen rating, que es lo mismo que hace Tinelli con las peleas en su estudio de televisión. No hay que perder de vista que las opiniones polémicas generan tráfico de visitantes y, al final, los medios en internet –como cualquier otro medio– buscan publicidad, y ésta es una de las herramientas que encuentran para llevarlo adelante: producir contenido de manera gratuita”.

Leandro Zanoni, de E-blog, dice que su bitácora –una de las más visitadas– es conocida por la virulencia de sus comentaristas. Sin embargo, asegura que borra muy pocas opiniones porque dejarlas hace a “la libertad de expresión” y que “aun el comentario más estúpido, como que hay que matar a todos los judíos o los paraguayos, es reflejo de lo que alguna gente piensa”.

OPINIÓN

Insultar(se) en red
Martín Becerra (Profesor de la Universidad Nacional de Quilmes-Conicet)

Los insultos en la red, prolíficos y escudados en el anonimato, se basan en tres supuestos.

El primero es que la intermediación del lenguaje escrito es neutra respecto de la intención comunicativa y que el traslado de la oralidad a la escritura en la red es eficaz.

El segundo es que internet permitiría suprimir las huellas de la identidad.

El tercero, común a todo agravio pero potenciado por la virtualidad, es que el destinatario del insulto es el anómalo de la comunidad interpretativa en la que se profiere la ofensa y, por lo tanto, será sancionado por los lectores del insulto.

De ello se deduce que el insulto se erige en un fiel representante del sentido común de los lectores del mensaje. Los tres supuestos son falsos: por un lado, el lenguaje en red se distancia de la lógica secuencial escrita clásica, pero también de una oralidad intervenida durante siglos por esa lógica narrativa lineal, y aplicar sus reglas a través de mensajes plagados de infamia no repara en que internet permite saltar, eludir y hasta eliminar esos mensajes con facilidad.


Por otra parte, la ficción del anonimato es un refugio del insulto semejante a la agresión verbal a un árbitro en el estadio de fútbol desde la tribuna o al insulto a un peatón desde un coche en movimiento, es decir: se trata de una estrategia comunicativa que escamotea la responsabilidad por lo dicho y que pretende evitar sus consecuencias. Es más expedito, más veloz y más catártico el insulto anónimo, y a ello se debe parte de su proliferación en la red. Pero es también más vago y evanescente. Además, hay que añadir que la red de redes es sinónimo de control y monitoreo capilar, es decir, es la antítesis del anonimato. Por último, las comunidades virtuales revelan con el comportamiento del insulto su propia debilidad para asumir la laboriosa tarea de procesar lo diferente. Cada calumniador anónimo exhibe, en su insulto, su propia incapacidad para construir argumentos razonables, disimulando en la pretensión de sancionar al agraviado con la mirada cómplice de una muchachada de pares igualmente anónimos. Estos actos revelan así la adolescencia de un lenguaje que requerirá de años de práctica social para madurar.

Fuente: Critica Digital


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