domingo, 17 de agosto de 2008

La vida es una fiesta


¿Qué haríamos si supiéramos que nuestra vida está cerca del límite?
El profesor Randolph Pausch pasó por esa circunstancia y, antes de morir, el 25 de julio, dictó una conferencia que fue convertida en libro y es un éxito editorial: La última lección.
Fue el legado para que sus hijos pequeños lo recordaran siempre; consiste en consejos y argumentos de vida aplicables a todos los seres humanos, Randy fue considerado por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo.


Para él la vida era alegría y lucha también. El, Randolph Randy Pausch, de 47 años de edad, tenía cáncer y sabía que sus días estaban contados, "como todos los hombres, sólo que en mi caso la cuenta es muy corta", decía, y agregaba: "No podemos cambiar las cartas que nos han repartido en la vida, sólo podemos tomar decisiones acerca de cómo jugaremos esa mano". Meses atrás, Randy dio su última clase, su última lección: fue el 18 de septiembre del 2007, en el Aula Magna de la Universidad Carnegie Mellon colmada por más de 400 personas ávidas por escucharlo. Fueron 76 minutos de humor y calidez: se dirigió a sus alumnos, pero, en realidad esa lección fue para sus hijos pequeños, fue su legado, porque sabía que no los vería crecer. "Tengo diez tumores en el hígado, el páncreas tomado y me restan unos cuantos meses de vida. La quimioterapia está haciendo estragos en mi cuerpo, pero perdonen si no me muestro deprimido. He decidido vivir día tras día, alegremente, como lo he hecho siempre, porque creo que no hay otro modo de vivir", dijo.

"Simplemente, quiero disfrutar más tiempo con mi mujer y con nuestros hijos". Su clase son consejos para tener una buena vida, para que la vida sea una fiesta digna de ser disfrutada. Esos consejos revelan no solamente a un hombre extraordinario, a quien no puede quebrar la adversidad, sino que también son aplicables a todos los seres humanos. Su muerte causó un impacto enorme en todo el mundo.

Día tras día

Cada mañana, el profesor Pausch desayunaba con su mujer y sus hijos y luego salía a andar en bicicleta. Eucrático por naturaleza, atlético, hasta el final de sus días no descuidó su estado físico. "No sé cuánto tiempo de bienestar tengo ante mí. Vivo día tras día. Cada mañana despierto dispuesto a disfrutar un día más, y eso me pone bien. No pienso en términos de futuro a mediano o a largo plazo. ¿Para qué? Y no es que caiga en un autoengaño consolador. No". Se limitaba a hacer realidad el antiguo axioma latino carpe diera ("aprovecha el día").

Los sueños infantiles

En la conferencia y en el libro admitió: "Me gané la lotería con mis padres, y eso me permitió cumplir con algunos de mis sueños infantiles". De chico, él quería jugar fútbol americano en un gran equipo, ganar muñecos de peluche en los parques de diversiones, participar en algún filme de Disney, ser el capitán Kirk (el comandante de la serie Viaje a las estrellas) y publicar algo en la Enciclopedia Mundial. Y bien, no pudo jugar en las Grandes Ligas, pero jugó béisbol; no fue el capitán Kirk, pero publicó en la Enciclopedia y, ya adulto, y experto en computación, colaboró en el filme El Rey León. "Cada uno tiene sueños infantiles diferentes y debe cumplirlos o tratar de cumplirlos". Una de las lecciones que agradeció a sus padres -y que él transmitió a sus hijos- fue la de "no esperar que los demás hagan las cosas por ti; cada uno debe ponerse en acción". Randy admiraba profundamente a su padre. "Casi todos los días cito a mi padre ante la gente, en parte, porque cuando uno imparte la sabiduría de otra persona, parece menos arrogante, y lo que dices es más aceptable. Mi padre también me advirtió que, cuando me encontrara en una posición de poder, tanto en el trabajo como en las relaciones personales, siempre jugara limpio. "El hecho de que ocupes el asiento del conductor no significa que tengas que atropellar a la gente, me decía". "Es importante -decía Randy- tener sueños específicos". Aludía al hecho de que todo no es posible, pero en la medida en que disciplinemos nuestros propios sueños, estaremos más cerca de convertirlos en realidad.

Cuando su enfermedad se presentó, tomó una decisión: "Cualesquiera que sean las noticias de los exámenes médicos, no voy a morir al escucharlas. No moriré al día siguiente ni al siguiente de ése. Así que hoy, en este preciso momento, es un día maravilloso, y cuánto lo disfruto. Entonces lo supe: así viviría el resto de mi vida".

El Primer Pingüino

Pausch contaba a quienes no lo sabían una costumbre que practican los pingüinos. Afirmaba que, cuando deben arrojarse al agua, uno lo hace primero para advertir a los demás si hay depredadores que puedan atacarlos. Eso, que a veces implica sacrificarse por el grupo, evita muchas muertes. En sus clases, el profesor instituyó un premio llamado "Primer Pingüino", que otorgaba a los alumnos que hubieran corrido el mayor riesgo al aplicar nuevas ideas o nuevas tecnologías, independientemente del resultado obtenido. "La experiencia es lo que obtienes cuando no logras lo que deseabas", explicaba.

"Tienes que soñar en grande, planifica en grande, fíjate grandes metas y haz lo posible para cumplirlas. Cuando el hombre caminó por primera vez sobre la Luna, en 1969, yo tenía ocho años, pero supe que casi cualquier cosa era posible. Fue como si a todos nosotros, alrededor del mundo, nos hubieran dado permiso para tener grandes sueños".

Y añadió: "Nunca pierdas la magia de la infancia. Es demasiado importante y es lo que nos mantiene vivos. No te lamentes si algo parece no ir bien, sólo trabaja más duro. Encuentra lo mejor en todo el mundo. Quizás tengas que esperar largo tiempo, pero finalmente la gente mostrará su mejor lado". A pesar de que no siempre pudo alcanzar sus deseos, Pausch dedujo que los obstáculos eran, en realidad, oportunidades para alcanzar otras metas, desafíos que uno no se había planteado con anterioridad. Usaba una metáfora para los obstáculos: el muro de ladrillos que a veces se interpone entre nosotros y nuestras metas (tanto en las metas profesionales como en las personales). Y agregaba que ese muro está para ser saltado o derribado, que todo depende de nosotros. "El poder del entusiasmo, junto con el de la perseverancia, conseguirá derribar el muro. No tengo dudas al respecto. Y quien persiste con empeño en alcanzar sus metas lo comprobará", confesaba con energía.

¿QUIEN ES RANDY PAUSCH?

El columnista del diario The Wall Street Journal, Jeffrey Zaslow, convirtió en libro La última lección, la conferencia que Randy dictó pocos meses antes de morir. Allí, Pausch contaba: "Muchos profesores de Estados Unidos dan clases en las que visualizan su propia muerte y reflexionan sobre lo que es más importante para ellos". Randolph Pausch no la tuvo que visualizar, la sufría en carne propia. Fue profesor de ciencias comunicacionales y de interacción humano-computadora y ganó innumerables premios como investigador de la Universidad Carnegie Mellon. Trabajó para Walt Disney Imagineering y para Electronic Arts (EA) y asesoró a Google. Fue considerado por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo y por la cadena de televisión estadounidense ABC, como uno de los tres personajes más importantes del año 2007.

Tenía una personalidad muy particular: cuando le diagnosticaron el cáncer sabía que no había cura para él; aún así, lo tomó con buen humor. Era padre de tres hijos pequeños -Dylan, de cinco años y medio; Logan, de tres, y Chloe de un año y medio-, estaba felizmente casado con Jai,"la mujer de mi vida" y vivía en Virginia.

El libro es un éxito en ventas, más de 4 millones y medio de ejemplares y más de 10 millones de personas vieron su última clase por Internet.

EL LEGADO PARA SUS HIJOS

En el libro rechaza las falsas esperanzas; es una obra no religiosa, aunque se advierte la influencia del cristianismo y de la frase fundamental de Cristo "Ama a tu prójimo como a ti mismo" axioma que, de ser practicado por todos, convertiría al mundo en un paraíso. Randy Pausch dejó los siguientes consejos para sus hijos, a quienes sabía que no vería crecer:
  • Cumplir tus sueños infantiles es importante, pero ayudar a otros a cumplir los suyos es mejor.
  • La suerte es donde se encuentra preparación y la oportunidad.
  • Demasiada gente va por la vida quejándose de sus problemas. Si tomas el 10% de la energía que empleas en quejarte y la aplicas a tratar de solucionar tus problemas, te sorprendería lo bien que pueden marchar las cosas.
  • Atiende la enfermedad, no el síntoma.
  • Busca lo mejor en todas las personas.
  • Observa lo que hacen, no lo que dicen.
  • La lealtad es una calle de dos sentidos
  • Demuestra gratitud.
  • Ningún trabajo es inferior a tu nivel
  • Nunca te rindas ni te des por vencido (y acepta ayuda cuando te la ofrezcan).
  • El optimismo es un estado mental y puede permitirte alcanzar logros tangibles para mejorar tu estado físico.
  • Algunas veces, todo lo que tienes que hacer es preguntar.
  • Sé una persona comunitaria.
  • Di la verdad todo el tiempo.
  • Todo lo que tienes es lo que llevas contigo.
  • Nunca te rindas.

Fuente: Revista NUEVA. 17/AGO/2008

1 comentario:

Cristina dijo...

Hola! La verdad es que no sé como ha logrado superar sus últimos meses de vida. ¡Ha sido muy valiente! Si fuésemos todos más positivos, nos enfrentaríamos a la vida de una manera más positiva. En una página encontré una iniciativa que me pareció muy atractiva en cadenadeoptimismo.org. ¡Dónde se nota positivismo!

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